Vinicius y Valverde lideran una remontada épica ante un Atlético que rozó el empate hasta el final

El Bernabéu volvió a latir como en las grandes noches. No era una final, tampoco una eliminatoria europea, pero el derbi tenía ese aroma de partido decisivo para el ánimo y para la pelea por La Liga. El equipo no está teniendo una buena temporada. Más bien mala, se podría decir. Pero el Real Madrid respondió. Y lo hizo con fútbol, con carácter y también con sufrimiento para imponerse 3-2 al Atlético de Madrid en un encuentro frenético, de esos que no permiten ni respirar.
Los de Simeone golpean primero
El equipo de Simeone golpeó primero. El Atlético resistía el dominio blanco y esperaba su momento para correr. Lo encontró pasada la media hora, cuando una transición rapidísima terminó con un taconazo de Giuliano Simeone y la definición de Ademola Lookman ante Lunin. El silencio del Bernabéu contrastaba con la sensación de que el Madrid estaba haciendo más cosas bien de las que reflejaba el marcador.
Porque el conjunto blanco había salido con energía. Valverde rozó el gol en una arrancada tremenda que terminó en el poste y Vinicius ya avisaba de que la noche acabaría pasando por sus botas. Sin Mbappé de inicio y con Bellingham esperando su momento desde el banquillo, el Madrid insistía desde la movilidad de Brahim y el despliegue infinito del uruguayo, aunque le faltaba precisión en el último toque. El Atlético, mientras tanto, sobrevivía cómodo en el intercambio de golpes.
Pero el partido cambió por completo tras el descanso. El Madrid salió decidido a arrasar y necesitó apenas unos minutos para darle la vuelta al marcador. Primero apareció Brahim para provocar un penalti de Hancko y Vinicius empató desde los once metros con un disparo firme, sin titubeos. Apenas había terminado la celebración cuando Valverde volvió a aparecer en modo huracán: presión, robo y definición para culminar la remontada y encender definitivamente al estadio.
Baila, Vini, baila
El derbi ya era un caos maravilloso. El Atlético parecía tocado, pero nunca muerto. Y ahí emergió Nahuel Molina con un golazo descomunal desde fuera del área para volver a empatar el encuentro. El golpe dejó helado al Madrid durante unos minutos y dio alas a los rojiblancos, que empezaban a encontrar espacios.
Sin embargo, cuando más incómodo estaba el conjunto blanco apareció otra vez Vinicius. El brasileño recibió tras una gran conducción de Trent Alexander-Arnold, encaró desde la frontal y sacó un disparo colocado imposible para Musso. El Bernabéu explotó. El 3-2 era puro desahogo, pero todavía quedaba mucho sufrimiento por delante.
Valverde, expulsado
La tensión terminó de dispararse con la expulsión de Valverde en el tramo final por una dura entrada sobre Álex Baena. El Madrid se quedaba con diez y el Atlético se volcó definitivamente. Simeone lanzó a los suyos hacia el área de Lunin, Sorloth tuvo el empate en un cabezazo y Julián Álvarez incluso estrelló un disparo en el poste. Pero esta vez el Madrid no se cayó. Resistió. Corrió. Peleó cada balón dividido como si fuera el último.
Y así, entre el ruido del Bernabéu y la sensación permanente de que cualquier cosa podía pasar, el Real Madrid se llevó un derbi gigantesco. Tres puntos que le mantienen vivo en la pelea por el campeonato y, sobre todo, la confirmación de que este equipo ha recuperado algo que parecía perdido durante muchos tramos del curso: la convicción de competir hasta el final.