Los blancos se quedan a siete puntos del FC Barcelona y dependen ya de tropiezos del líder para seguir en la pelea

El Real Madrid ha vuelto a tropezar en el momento menos oportuno. En el Santiago Bernabéu, el empate ante el Girona FC (1-1) ha dejado una sensación amarga, más cercana al desencanto que a la esperanza en un tramo decisivo de la temporada. El empate no solo deja malas sensaciones, sino que complica seriamente la pelea por el título. El Real Madrid necesitaba sumar de tres esta noche para seguir enganchado a la liga, donde el FC Barcelona marca el ritmo con una ventaja considerable. Con siete puntos de distancia y dependiendo de tropiezos ajenos, como un posible fallo azulgrana ante el RCD Espanyol mañana, el margen ya es mínimo.
Dominio sin peligro
El partido ha arrancado con una dinámica que parecía favorable a los blancos. Han dominado, han pisado área con frecuencia y han encontrado caminos para generar peligro. Sin embargo, toda esa potencia ofensiva no ha llegado a ningún puerto. Ni Kylian Mbappé ni Vinícius Júnior han logrado afinar la puntería, y el portero rival, Paulo Gazzaniga, ha sostenido a los suyos con intervenciones decisivas constantes. El Madrid ha llegado, pero no ha podido concretar. Los blancos han insistido, pero no ha golpeado.
Con el paso de los minutos, esa falta de acierto ha ido enfriando al equipo. El ritmo ha bajado, la energía inicial se ha ido apagando y el Girona, bastante bien ordenado, ha empezado a sentirse cómodo dentro de su plan: resistir y esperar su momento. En el centro del campo, la combinación entre Jude Bellingham y Eduardo Camavinga ha dejado instantes interesantes, aunque sin la continuidad suficiente como para gobernar el partido de forma clara.
Más nervios que fútbol
El marcador no se ha movido hasta bien entrada la segunda mitad. Federico Valverde ha aparecido con un disparo desde la frontal que ha sorprendido a Gazzaniga. El gol parecía abrir el escenario ideal para el Real Madrid, con ventaja en el marcador y tiempo suficiente para sentenciar, pero ha ocurrido lo contrario. Lejos de asentarse, el equipo blanco ha vuelto a mostrar fragilidad. El Girona ha dado un paso adelante y ha encontrado premio en una de sus pocas llegadas claras. Thomas Lemar ha conectado un disparo desde fuera del área imposible para Lunin que ha devuelto la igualdad y el silencio al estadio.
A partir de ahí, el encuentro se le ha hecho cuesta arriba al Real Madrid. Sin claridad, sin continuidad y con más nervios que fútbol, le ha costado generar ocasiones para volver a adelantarse. La jugada más discutida ha llegado en el tramo final, con una posible falta sobre Mbappé dentro del área que el colegiado ha decidido no señalar, provocando las protestas locales.
Se aleja La Liga
El empate final deja más dudas que certezas. La pelea por La Liga se aleja y el equipo transmite una sensación de irregularidad preocupante justo cuando asoma un desafío mayor en Europa. El Bayern de Múnich espera el próximo miércoles 15 de abril en el Allianz Arena, donde estará en juego un billete para las semifinales de la Champions, con la desventaja del 1-2 encajada en la ida del pasado martes en el Bernabéu.
Ahora, todo apunta a que el futuro inmediato del Real Madrid pasa por lo que ocurra lejos de casa. Porque si algo ha quedado claro en esta noche es que, en el campeonato español, el margen de error ya se ha agotado.